Crónica de Alfonso III“AD Sevastianum ”

En nombre de nuestro señor Jesucristo, empieza la crónica de los Visigodos, complicada desde el tiempo del rey Wamba hasta ahora, el tiempo del glorioso rey García, hijo de Alfonso, de Santa memoria

También en su tiempo arribaron a la costa de España 270 naves de sarracenos, y en el propio lugar todas fueron destruidas y quemadas por las llamas. Este rey ordenó que hicieran con frecuencia sínodos en Toledo, tal y como declaró con la mayor amplitud en su tono conciliar. (Tono regio era un documento en el que el rey dejaba constancia de los asuntos que los obispos debían tratar e los concilios). Pues bien, en tiempos del rey Kindasvinto llegó de Grecia un hombre llamado Ardabasto. Dicho varón fue expulsado de su tierra por el emperador y cruzando el mar se trasladó a España.

El mencionado rey Kindasvinto lo acogió magníficamente y le dio en matrimonio a una sobrina suya, enlace del que nació un hijo llamado Ervigio. Y con el dicho Ervigio se hubiera criado en palacio, y se hubiera visto enaltecido con el título de donde, hinchado por la soberbia concibió astutas maquinaciones contra el rey. Le dio a beber la hierba que se llama esparto; al momento se vio privado de sentido. Y cuando el obispo de la ciudad y también los notables de palacio, que eran leales del rey, y a los que lesera totalmente desconocido el asunto de la pócima, vieron al rey tendido y carente de todo sentido, conmovidos por la piedad, y a fin de que el rey no se fuera sin sacramentos, al instante le dieron el sacramento de la confesión y de la penitencia. Cuando el rey despertó del brebaje y se dio cuenta Wamba fue elegido por todos para el reino, en la era 710, (Año 672).Pero él, que se resistía y no quería recibirlo, aceptó a pesar de todo, contra su voluntad, lo que el ejército pedía. Y llevado inmediatamente a Toledo, en la Iglesia Metropolitana de Santa María fue ungido como rey. En esta hora fue vista por todos los presentes una abeja que salía de su cabeza y volaba al cielo; esta señal fue hecha por el Señor para anunciar sus futuras victorias, lo que probó lo sucedido después. A los astures y vascotes, que se rebelaban continuamente, los sometió y los subyugó a su imperio. Los ciudadanos de la provincia de la Galia, tras hacer una conjuración, se separaron del reino de los godos y se sometieron al reino de los francos. El duque Paulo, enviado roe Wamba con un ejército para recuperar y someter esas provincias, no sólo no cumplió la misión a el encomendada, sino que, actuando contra la patria, se convirtió en cabecilla de los criminales usurpadores. Pero si queréis saber con más plenitud cuantas matanzas y cuantas quemas de ciudades, cuántas carnicerías, cuántas huestes de francos y galos fueron exterminadas por Wamba y cuantas famosísimas victorias logró él, y que destrucciones acontecieron por tiranía de Paulo, le al Santo Metropolitano Julián, que compuso una historia muy pormenorizada de este tiempo.

Pues en su tiempo 270 naves de sarracenos arribaron a la costa de España, y allí todas sus fuerzas fueron destruidas por el hierro y sus flotas quemadas por las llamas. Y para hacerte saber plenamente la causa de la entrada de los sarracenos en España, te exponemos el origen de rey Ervigio. Pues en tiempos del rey Kindasvinto llegó de Grecia a España, exiliado, un tal Ardabasto, expulsado por el emperador. Kindasvinto, acogiendolo con honores, le dio en matrimonio a una sobrina suya, de la cual nació Ervigio. Este Esrvegio, como se hubiera criado en palacio desde su infancia, y se viera enaltecido con el título de conde, concibiendo soberbios y arteros designios contra el rey le mezcló en la bebida una hierba cuyo nombre es esparto, y al momento el rey se vio privado del sentido. Y cuando el obispo de la ciudad y los notables de palacio, que eran leales del rey, a los que les era totalmente desconocido el asunto de la pócima, vieron al rey tendido y sin sentido, conmovidos por la piedad, y a fin de que el rey no se fuera sin sacramentos, al instante le dieron el sacramento de la confesión y de la penitencia. Y cuando el rey se hubo recuperado del brebaje, y supo que se le había impuesto el sacramento, se dirigió a un monasterio y allí se quedó en religión todo el tiempo que vivió. Reinó nueve años y un mes, y en el monasterio vivió siete años y tres meses. Murió en paz, de muerte natural.

Pespués de Wamba se hizo con el reino Ervigio, que se apoderó de él con mañas, y las leyes instituidas por Wamba las corrigió, y otras las promulgó con su nombre. Y según se cuenta, fue moderado para con sus súbditos. A su hija Cixilón se la dio en matrimonio a un hombre ilustre, Egica, sobrino de Wamba. El ya dicho Ervigio murió de muerte natural en Toledo. Reinó seis años y cuatro meses.

Era 725 (año 687). Muerto Ervigio, el ya nombrado Egica fue elegido rey, y fue muy sabio y compasivo. Reunió sínodos muy frecuentemente, según declaran más palmariamente los decretos canónicos. A las gentes que se rebelaron dentro del reino las sometió. Contra los francos, que irrumpían en las Galias, hizo la guerra tres veces, pero no consiguió triunfo alguno. A su hijo Vitiza lo asoció al reino, y le ordenó que habitara en la ciudad de Tuy, en la provincia de Galicia, de manera que el padre tuviera el reino de los godos y el hijo el de los suevos. Antes de la elección de su hijo reinó diez años, con su hijo con cinco años. Murió de muerte natural en Toledo.

En la era 739 (año701), Tras el fallecimiento de Egica, Vitiza vuelve a Toledo para ocupar el trono de su padre. Este fue en verdad un hombre deshonesto y de escandalosas costumbres, y cual el caballo o el mulo, en los que no hay entendimiento, se contaminó con numerosas esposas y concubinas. Y para que no se levantara la censura eclesiástica contra él, disolvió los concilios, cerró los cánones,y vivió todo el orden religioso. A los obispos, presbíteros y diáconos les ordenó que tiviesen esposas. En verdad este crimen fue la causa de la perdición de España. Y puesto que reyes y sacerdotes abandonaron la ley del Señor, todos los ejércitos de los godos perecieron por la espada de los sarracenos. Entre tanto Vitiza, tras diez años de reinado, falleció de muerte natural en Toledo, en la era 749 (año 710).

Muerto Vitiza, Rodrigo es elegido rey de los godos. Este, como se sabe, anduvo en los pecados de Vitiza, y no solo no puso término al escándalo, armado con el celo de la justicia, sino que lo amplió más. Pero los hijos de Vitiza, movidos por el resentimiento de que Rodrigo hubiera recibido el reino de su padre, con artero designio mandan emisarios a África, pide ayuda a los sarracenos y, una vez que se pasaron a bordo de naves, los mete en España. Pero ellos, que introdujeron en la patria la perdición, perecieron junto con su gente por la espada de los sarracenos.

Y así, como Rodrigo hubiera sabido de su entrada, les saló al paso con todo el ejercito de los godos para combatir contra ellos. Pero como La Escritura dice:” En vano corre aquel a quien la iniquidad precede”, aplastados por la mole de los pecados de los obispos y de los suyos propios, y traicionados por el fraude de los hijos de Vitiza, todos los ejércitos del los godos se dieron a la fuga y fueron aniquilados por la espada. Por lo que se refiere al rey Rodrigo, nadie sabe la causa de su muerte. En nuestros rudos tiempos, cuando la ciudad de Viseo y sus alrededores se poblaron por nosotros, en cierta basílica se encontró un sepulcro en el que un epitafio esculpido encima dice así:”Aquí descansa Rodrigo, último rey de los Godos”.

Más los árabes, dominada la tierra junto con el reino, durante varios años pagaron tributo al rey de Babilonia (califas de Damasco) por medio de sus gobernadores, hasta que eligieron un rey suyo, y en Córdoba, Ciudad Patricia, afianzaron su reino. Mas los godos perecieron parte por la espada, parte por el hambre. Pero los que quedaron de estirpe regia, algunos de ellos se dirigieron a Francia, pero la mayor parte se metieron en la tierra de los asturianos, y a Pelayo, hijo del antaño duque Favila, de linaje real, lo eligieron por su príncipe. Mas cuando los sarracenos supieron del hecho, al momento enviaron a por él a Asturias con un innumerable ejército, por medio del general AlKama, que con Tarik había hecho irrupción en España, y Oppa, Obispo Metropolitano de la Sede Hispalense, hijo del rey Vitiza, por cuyo fraude se perdieron los godos.

Y cuando Pelayo supo de su llegada, se refugió en el Monte Auseva, en una caverna que se llama Cuerva de Santa María. E inmediatamente lo rodeó, y acercándose a él el obispo Oppa le habla así diciéndole: “Se que no se te oculta, hermano, cómo antaño toda España estaba constituida bajo el único reino de los godos, y cómo el ejército de toda España se había congregado a una, y no fue capaz de resistir el embate de los ismaelitas; ¡cuánto menos podrás tú defenderte en ese hueco del monte! Escucha más bien mi consejo, y apea tu ánimo de ese empeño, para que disfrutes de muchos bienes, y en paz con los árabes uses de todo lo que había sido tuyo”. A esto dijo Pelayo: “Ni me uniré a las amistades de los árabes ni me someteré a su imperio. Pero ¿Tú no sabes que la Iglesia del Señor se asemeja a la luna, que sufre un eclipse y luego vuelve por un tiempo a su prístina plenitud? Pues confiamos en la misericordia del Señor, que desde este pequeño monte que tú ves se restaure la salvación de España y el ejército del pueblo godo, para que en nosotros se cumpla aquellas palabras proféticas que dicen: “Revisaré con la vara sus iniquidades y con el látigo sus pecados, pero mi misericordia no la apartaré de ellos”. Pero ello, aunque hemos recibido merecidamente una severa sentencia, esperamos que venga su misericordia para la recuperación de la Iglesia y del pueblo y del reino. Por esto despreciamos a esa multitud de paganos y en absoluto los tememos”. Entonces, volviéndose el nefando obispo hacia el ejército dijo así: “Aprestaos a luchar, porque, si no es por el castigo de la espada, no tendréis con él acuerdos de paz”.

Yal momento toman las armas e inician el combate. Se alzan las catapultas, se preparan las hondas, brillan las espadas, se erizan las lanzas, y sin cesar se disparan las flechas. Pero en esto no faltaron las grandezas del señor. Pues, una vez que las piedras eran lanzadas por los que manejaban las catapultas, y llegaban a la Iglesia de Santa María siempre Virgen, recaían sobre los que las lanzaban, y causaban gran mortandad a los musulmanes. Y como el Señor no cuenta las lanzas, sino que tiende las palmas a quien quiere, una vez que los fieles salieron de la cueva a combatir, los musulmanes dieron al momento el obispo Oppa, y se dio muerte a Alkama. Y en aquel mismo lugar fueron muertos 124.000 de los musulmanes, y 63000 que habían quedado subieron a la cima del Monte Auseva, y por el cortado del monte que el pueblo llama Amuesa, descendieron precipitadamente al territorio de la Liébana. Pero ni siquiera esos escaparon a la venganza del Señor: pues, cuando –marchaban- por la cima del monte, el cual está situado sobre la ribera del río Deva, junto al predio que se llama Cosgaya, ocurrió, por evidente sentencia del Señor, que una parte del mismo monte, revolviéndose desde sus fundamentos, lanzó al río a los 63000 musulmanes de modo asombroso, y los sepultó a todos: donde todavía ahora ese río, cuando en tiempo invernal llena su cauce y cubre sus riberas, muestra de manera evidente indicios de armas y huesos de ellos. No juzguéis este milagro vano o fabuloso, antes bien recordad que el que anegó en el Mar Rojo a los egipcios que perseguían a Israel, ese mismo sepultó bajo la inmensa mole del monte a estos árabes que perseguían a la Iglesia del Señor.

Por el mismo tiempo, en esta región de los asturianos, en la ciudad de Gijón, había un gobernador de los musulmanes de nombre Munnuza. Este Munnuza fue uno de los cuatro generales que ocuparon por primera vez las Españas. Y así, cuando supo del exterminio del ejército de su pueblo, abandonando la ciudad se dio a la fuga. Y cuando los astures que lo perseguían dieron con él en el lugar Olaliense acabaron con él y su ejército por la espada, de manera que no quedaran ni uno de los musulmanes dentro de los puertos del Pirineo. Entonces, por fin, se reúnen los grupos de fieles, se pueblan las tierras, se restauran las iglesias, y todos en común dan gracias a Dios diciendo: “Bendito sea el nombre del Señor,que conforta a los que creen e El y reduce a la nada a las gentes ímprobas”.Pelayo, tras completar el año decimonoveno de su reinado, falleció de muerte natural en la era 775 (año 737).

Le sucedió en el trono su hijo Favila. Este, por lo escaso de su tiempo, no hizo nada digno de la historia. A causa de una ligereza fue muerto por un oso, en el segundo año de su reinado, en la era 777. (Año 739).

Tras la muerte de Favila le sucedió en el trono Alfonso, varón de gran valor, hijo del duque Pedro, descendiente del linaje de los reyes Leovigildo y Recaredo; en tiempos de Egica y de Vitiza fue jefe del ejército. Este, con la gracia divina, tomó el cetro del reino. Muchas veces fue contenida por él la osadía de los árabes. Hasta qué punto fue éste un hombre dotado de gracia,, valor y autoridad, lo declaran los hechos siguientes: junto con su hermano Fruela hizo muchas guerras contra los sarracenos, tomó muchas ciudades antaño oprimidas por ellos, es decir, Lugo, Tuy, Oporto, Braga la Metropolitana, Viseo, Chaves, Agata, Ledesma, Salamanca, Zamora, Ávila, Segovia, Astorga, León, Saldaña, Mave, Amaya, Simancas, Oca, Veleya de Alava, Miranda, Revenga, Carbonárica, Abeica, Briones, Cenicero, Alesanco, Osma, Arganza, Sepúlveda, aparte de los castillos con sus villas y aldeas todas; y dado muerte a todos los árabes que ocupaban las ciudades dichas, se llevó consigo a los cristianos a la patria.

Por aquel tiempo se pueblan Primodas, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza, las Vardulias, que ahora se llaman Castilla, y la parte marítima de Galicia; pues Álava, Vizcaya, Alaone y Orduña está comprobado que siempre estuvieron en poder de sus habitantes, como Pamplono y Berrueza. Y así, el dicho Alfonso fue magnánimo. Sin ofensa contra Dios ni contra la Iglesia llevó una vida digna de imitación. Construyó y restauró varias basílicas. Reinó dieciocho años. Terminó su vida felizmente y en paz.

Y no debe callarse este milagro que con toda certeza se produjo en la hora de su partida. Pues, cuando había exhalado su espíritu durante el silencio de la noche cerrada, y las guardias de palacio guardaban con toda diligencia su cuerpo, súbitamente se oyó en el aire por todos los que velaban la voz de los ángeles que cantaban: “He aquí cómo desaparece el justo, y nadie repara en ello; y los varones justos desaparecen, y nadie se da cuenta en su corazón. De la presencia de la iniquidad ha sido apartado el justo; en la paz está su sepultura”. Sabed que esto es totalmente verdadero, y no lo reputéis dicho fabuloso: de otro modo más bien optaría por callarme, antes de referir decir falsedades.

En la era 785 (año 747), tras la muerte de Alfonso, le sucedió su hijo Fruela en el reino. Este fue un hombre muy recio de ánimo y con las armas. Logró muchas victorias. Contra la hueste cordobesa tuvo un combate en el lugar que se llama Pontuvio, en la provincia de Galicia, y tras derrotarlos aniquiló a 54.000 musulmanes; a su general, un muchacho de nombre Umar, hijo de Abderramán Iben Hixem, apresado en el mismo lugar, lo mató por la espada. A los vascones, que se había rebelado, los venció y sometió. Tras ordenar que a Munnia, una muchachilla que era parte del botín de los váscones, se la reservaran para él, más adelante se unió a ella en regio matrimonio, y de ella tuvo a su hijo Alfonso. A los pueblos de Galicia que se rebelaron contra él los asoló junto con su tierra .Finalmente junto a su hermano, llamado Vímara, lo mató por sus propias manos. Y él, recibiendo no mucho después la ley del talión, fue muerto por los suyos. Reinó once años y tres meses, en la era 806 (año 768).

Tras la muerte de Fruela le sucedió en el reino su primo Aurelio, hijo de Fruela hermano de Alfonso. En su tiempo los libertos, tomando las armas, se alzaron en rebelión contra sus señores. Pero vencidos por la diligencia del príncipe, fueron reducidos todos a la antigua servidumbre. No hizo guerra alguna, porque tuvo paz con los árabes. El séptimo año descansó en paz en la era 812. (Año 773).

Tras el final de Aurelio se sucedió Silo en el reino, por la razón de que había obtenido en matrimonio de Adosinda, hija del príncipe Alfonso. Este tuvo paz con los ismaelitas. A los pueblos de Galicia que se rebelaron contra él los venció en combate en el Monte Cubeiro y los sometió a su imperio. Reinó nueve años, y al décimo terminó su vida, en la era 821. (Año 783).

 

Muerto Silo. La reina Adosinda y todos los oficiales de palacio pusieron en el trono paterno a Alfonso, hijo de su hermano Fruela. Pero víctima del fraude de su tío Mauregato, hijo de Alfonso el mayor, aunque nacido de una sierva, expulsado del reino se quedó entre los parientes de su madre en Álava. Y Mauregato retuvo por seis años el reino del que se apoderó con astucias. Falleció de muerte natural en la era 826. (Año 788).

 

Muerto Mauregato, es elegido para el reino Bermudo, sobrino de Alfonso el mayor, enguanto que era hijo de Fruela hermano de Alfonso el mayor. Este Bermudo fue un varón magnánimo. Reino tres años. Dejó voluntariamente el reino recordado que

Antaño se le había impuesto el orden del diacono. A su sobrino Alfonso, al que Mauregato había expulsado del trono, lo hizo su sucesor en el reino en la era 829 (año 791). Terminó su vida en paz.

 

En el año tercero del reinado de éste el ejército de los árabes entró en Asturias con un general llamado Mugail. Y en el lugar que se llama Lodos, donde se había apostado el rey Alfonso, con el dicho general murieron por el hierro y el cieno unos setenta mil hombres. Este fue el primero que estableció en Oviedo el trono del reino. También construyó con obra admirable una basílica con la advocación de Nuestro Redentor Jesucristo, por lo que también se llama especialmente Iglesia de San Salvador, añadiendo al altar principal, de uno y otro lado, doce altares con reliquias guardadas de todos los apóstoles; edificó también uno iglesia en honor de Santa María siempre Virgen, hacia la parte del Norte, pegada a la iglesia ya dicha, en la cual, aparte el altar principal, erigió al lado derecho un altar en memoria de San Esteban, y a la izquierda un altar en honor de San Julián; además, en la parte occidental de este venerable edificio, construyó un recinto para sepultar los cuerpos de los reyes, y también una tercera basílica en memoria de San Tirso, obra cuya belleza más puede admirar quien esté presente que alabarla un cronista erudito. Edificó también al Norte, distante de Palacio casi un estadio, una iglesia en memoria de San Julián Mártir, poniendo alrededor, aquí y allá, dos altares decorados con admirable ornato. Mas también los palacios reales, los baños, comedores y estancias y cuarteles, los construyó hermosos, y todos los servicios del reino los hizo de lo más bellos.

En el año trigésimo de su reinado marchó contra Galicia un doble ejército de musulmanes; uno de los generales se llamaba Alabbas y el otro Malik, ambos Alcureixíes. El caso es que entraron osadamente, y con más osadía fuero destrozados. Pues a un mismo tiempo, uno en el lugar que se llama Narón, el otro en el río Anceo, perecieron. Y así, en un tiempo posterior de este reinado, habiendo llegado, huyendo de la presencia del rey de Córdoba Abderramán un hombre llamado Mahamud, en un tiempo ciudadano de Mérida, que había sostenido una larga rebelión contra aquél, fue acogido por la regia clemencia en Galicia, y allí moró por siete años. Mas aloctavoaño, tras reunir una tropa de sarracenos, saqueó a los vecinos y se refugió para protegerse en un castillo que se llama Santa Cristina. Cuando tal hecho fue anunciado a los reales oídos, haciendo avanzar el ejército asedia el castillo en el que estaba Mahamud, dispone las formaciones, rodea el castillo de guerreros. Acto seguido, en el primer enfrentamiento armao aquel Mahamud, famosísimo guerrero, resulta muerto, y su cabeza es presentada a la contemplación del rey. Y se ocupa del castillo, en el que casi 50.000 sarracenos, que para auxiliarlos habían afluido de España, son degollados, y Alfonso, felizmente vencedor, se volvió en paz a Oviedo. Y así, tras haber llevado por cincuenta y dos años castos, sobrios, inmaculados, piadosa y gloriosamente el gobierno del reino, amable para Dios y para los hombres, dejó marchar al cielo su glorioso espíritu. Mas su cuerpo, sepultado con unas exequias llenas de veneración en la ya nombrada Iglesia de Santa María. Por él fundada, en un túmulo de piedra, descansa en paz.

 

En la era 881 (año 834), tras la muerte de Alfonso, es elegido para el reino Ramiro, hijo del príncipe Bermudo. Pero por aquel tiempo se encontraba ausente en la provincia de Valdulia para tomar esposa. A causa de su ausencia aconteció que Nepociano, conde de palacio usurpó ilegítimamente el reino. Y así Ramiro, cuando supo que su primo Alfonso Había partido del mundo y que Nepociano se había hecho con el trono, se metió en la ciudad de Lugo, en Galicia, y se hizo con el ejército de toda la provincia. Mas, después de un breve espacio de tiempo, hizo irrupción en Asturias. Nepociano le salió al paso junto al puente del río Narcéa, tras reunir una tropa de asturianos y váscones. Y abandonando sin tardanza por los suyos, se dio a la fuga y fue apresado por dos condes, a saber, Escipión y Sonna, en el territorio de Prímoras. Y así, tras recibir lo que merecía por sus obras, arrancados sus ojos, fue destinado a un monasterio. Y así, en tiempo posterior, llegan las flotas de los normandos por el Océano septentrional a las costas de la ciudad de Gijón, y de allí siguieron al lugar que se llama Faro de Brigancio. Cuando lo supo el ya nombrado Ramiro, envió contra ellos un ejército con sus generales y condes, y aniquiló a una multitud de ellos y quemó por fuego sus naves. Pero los que quedaron de ellos irrumpieron en Sevilla, ciudad de España, y tras tomar de ellos botín, mataron por la espada y por el fuego a muchos musulmanes.

Entretanto el príncipe Ramiro se vio muchas veces acosado por guerras civiles. Pues el conde de palacio Aldroito, que conspiraba contra el rey, fue cegado por mandato regio. Tambien Piniolo, que fue después de él conde de palacio, se alzó en abierta usurpación contra el rey. Fue muerto por él junto a sus siete hijos. Entre tanto el dicho rey fundó una iglesia en memoria de Santa María, en la falda de Monte Naranco, distante de Oviedo dos millas, de admirable belleza y hermosura perfecta y, para no referirme a otras de sus hermosuras, tiene una bóveda apoyada en varios arcos, y está construida solamente con cal y piedra; si alguien quisiera ver un edificio similar a ése, no lo hallarán en España. Además edificó no lejos de la dicha iglesia palacios y baños bellos y hermosos. Mas también contra los sarracenos guerreó dos veces y saló vencedor. Y cumplido el séptimo año de su reinado, descansó en paz en Oviedo.

 

En la era 888, (año 850), muerto Ramiro, le sucedió en el trono su hijo Ordoño. Este fue hombre de gran paciencia y moderación. Las ciudades abandonadas, de las que Alfonso había echado a los musulmanes, éste las repobló, a saber, Tuy, Astorga, León y Amaya Patricia. Contra los musulmanes batalló muy a menudo y triunfó. En el principio de su reinado, como llevara su ejército contra los váscones que se habían rebelado, y tras someter las tierras a su ley, cuando volvía a la suya propia le llegó un mensajero diciéndole: “Mira que por el otro lado está la hueste árabe”. Al momento el rey vuelve contra ellos el hierro y las tropas. Y sin tardar puso en fuga a aquella turba, y la acuchilló con su vibrante filo. Pero tampoco silenciaré una cosa que sé que verdaderamente ocurrió. Un hombre llamado Muza, godo de nación, pero engañado por la religión mahometana con toda su gente, a los que los musulmanes llaman los Benicasi, se rebeló contra el rey de Córdoba y ocupó muchas de sus ciudades, parte por la espada, parte por el engaño; primero Zaragoza, luego Tudela y Huesca, y al fin Toledo, donde puso como prefecto a su hijo llamado Lup. Luego volvió sus armas contra los francos y los galos. Allí llevó a cabo muchas matanzas y saqueos. A dos grandes de los francos, llamados el uno Sancho y el otro Epulón, los apresó con un engaño, y encadenados los envió a la cárcel. A dos grandes señores de los musulmanes, uno de linaje Alcureixí, de nombre Iben Hamza y el otro muladí, de nombre Alburuz, con su hijo Azet, los apresaron en combate entre el padre Muza y su hijo Lup. En razón de tan grande victoria se hinchó tanto de soberbia que ordenó que los suyos lo llamaran “el tercer rey de España”.

 

Contra él movió su ejército el rey Ordoño, y a la ciudad que él recientemente dotó con sus obras admirables y le puso por nombre Albelda, llegó el rey con su ejército y la rodeó con una guarnición. Pero Muza en persona llegó con innumerable multitud, y en el monte llamado Laturce plantó sus tiendas. El rey Ordoño dividió su ejército en dos columnas, una que sitiara la ciudad, y otra que luchara contra Muza. Y al momento se entabla combate y Muza es puesto en fuga con su ejército. Se entregaron a tal matanza a costa de ellos, que perecieron más de diez mil magnates, junto con un yerno suyo llamado García, aparte la plebe. El, herido por la espada tres veces, escapó medio muerto. Y allí perdió mucho de su aparato de guerra y los presentes que le había enviado Carlos, rey de los francos. Y el rey Ordoño llevó todo el ejército contra la ciudad. Y al cabo de siete días entró en ella. A todos los hombres en armas los pasó por la espada, y la ciudad la destruyó hasta sus cimientos, y con gran victoria se volvió a su tierra. Lup, el hijo del tal Muza, que estaba como gobernador en Toledo, cuando se enteró de que su padre había sido vencido, se sometió al rey Ordoño con todos los suyos, y mientras vivió en esta vida fue su súbdito. Y más adelante hizo con él muchas guerras contra los musulmanes.

 

También muchas otras ciudades tomó batallando el tantas veces citado rey Ordoño, a saber, la ciudad de Coria, con su rey Zeiti, y otra ciudad parecida, Talamanca, con su rey llamado Mozeror y su esposa. A sus guerreros todos los mató, y al resto de la gente, mujeres e hijos, los vendió en subasta. Los normandos vinieron de nuevo de piratería a nuestras costas por esos tiempos. Luego siguieron hacia España, y asolaron toda su zona marítima, devastándola por la espada y por el fuego. Después, cruzando el mar, asaltaron Nekur, ciudad de Mauritania, y allí mataron por la espada a una multitud de musulmanes; luego, atacando por la espada las islas de Mallorca y Menorca, las dejaron despobladas. Después llegaron hasta Grecia, y al cabo de tres años se volvieron a su patria.

 

El rey Ordoño ya nombrado, terminó el decimoséptimo año de su reinado, víctima de la enfermedad de la podagra, murió en Oviedo, y fue sepultado en la Basílica de Santa María. Felices tiempos tuvo en su reinado. Feliz está en el cielo. Y el que aquí fue muy amado por el pueblo, ahora se alegra con los santos ángeles en los reinos celestes, por gracia de Nuestro señor Jesucristo, que con Dios Padre y el Espíritu Santo vive en unidad de divinidad y es glorificado siempre, por los inacabables siglos de los siglos.

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